Santa Cruz-, -, Un informe técnico de la UNPSJB advierte que la provincia presenta los indicadores más elevados de irregularidad crediticia de la región. El uso de préstamos y billeteras virtuales para afrontar gastos básicos aparece como una de las principales señales de alerta.
Santa Cruz atraviesa un escenario preocupante en materia de endeudamiento familiar. De acuerdo con un informe elaborado por el Observatorio de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), la provincia registra los peores indicadores de irregularidad crediticia de la Patagonia.
El estudio analizó la evolución del crédito y la morosidad entre 2024 y 2026 y sostiene que el endeudamiento dejó de ser solamente una dificultad individual para transformarse en un fenómeno con impacto económico y social.
Santa Cruz, primera en el ranking patagónico
Los datos correspondientes a mayo de 2026 ubican a Santa Cruz en el primer lugar regional, con un 31,2% de deudores en situación irregular.
El informe también señala un 19,8% de ratio total de irregularidad crediticia, mientras que la mora alcanza el 31,8% en billeteras virtuales y el 16,2% en el sistema bancario.
En la comparación regional, Neuquén presenta los mejores indicadores, situación que el estudio vincula con el dinamismo económico generado por la actividad de Vaca Muerta. En contraposición, la Patagonia Sur registra niveles de endeudamiento considerablemente superiores a los del norte de la región.
El crédito dejó de ser para consumir
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es el cambio en el destino del financiamiento.
Las familias ya no recurren principalmente al crédito para adquirir bienes durables o realizar consumos extraordinarios, sino para cubrir necesidades básicas como alimentos, alquileres, servicios y medicamentos.
En este escenario, los préstamos personales concentran el 73% del saldo irregular, mientras que las tarjetas de crédito también presentan elevados niveles de incumplimiento.
Para los investigadores, esto evidencia que el crédito se convirtió progresivamente en una herramienta de subsistencia frente a la pérdida del poder adquisitivo.
Las billeteras virtuales, en el centro de la problemática
El segmento que presenta uno de los mayores niveles de preocupación es el de las billeteras virtuales.
Según el informe, la morosidad en este tipo de financiamiento pasó del 7,3% a fines de 2024 al 29,6% en mayo de 2026, incluso por encima de los registros alcanzados durante la pandemia.
A nivel nacional, existen 20,9 millones de personas con algún tipo de deuda, de las cuales 5,8 millones se encuentran en mora. Una parte importante mantiene compromisos exclusivamente con billeteras virtuales.
El fenómeno tiene además un fuerte impacto entre los jóvenes. Entre las personas de 18 a 24 años, cuatro de cada diez créditos presentan mora, mientras que el 80% de los jóvenes endeudados utiliza billeteras virtuales como principal fuente de financiamiento.
Cambian los hábitos de consumo
El endeudamiento también está acompañado por una transformación en los medios de pago.
Durante mayo de 2026, las tarjetas de crédito representaron el 45% de las compras en supermercados, mientras que el efectivo cayó al 16,5%, el nivel más bajo registrado hasta ese momento.
En paralelo, los pagos mediante códigos QR y billeteras virtuales aumentaron un 60,7% interanual, consolidando una transformación en la manera en que los consumidores realizan sus compras.
Una problemática que trasciende el bolsillo
El informe advierte que las consecuencias del sobreendeudamiento no se limitan a las finanzas familiares. Los investigadores señalan un incremento de situaciones vinculadas con ansiedad, estrés, culpa, depresión e insomnio, además de conflictos dentro de los hogares y dificultades para acceder nuevamente al sistema financiero formal.
Desde esta perspectiva, el endeudamiento familiar aparece como una problemática que requiere respuestas que excedan las medidas estrictamente financieras.
El estudio plantea que enfrentar este escenario demanda no solamente políticas relacionadas con el crédito y la regulación financiera, sino también una recuperación de los ingresos y del tejido social, frente a una realidad en la que cada vez más familias recurren al endeudamiento para poder cubrir necesidades esenciales.
La Opinión Austral

