Malestar generalizado. De diez mil a cincuenta mil la cargada de tanque de agua

Las Heras-, A río revuelto, ganancias de pescadores: la crisis del agua y los oportunistas de siempre. La localidad de Las Heras atraviesa una de las crisis más complejas de los últimos años en materia de servicios esenciales.

Desde hace varios días, miles de vecinos permanecieron sin suministro de agua potable debido a inconvenientes registrados en el acueducto que abastece a la ciudad, una situación que, hasta el momento, continúa sin una solución definitiva para algunos sectores.

La prolongación del problema ha generado un creciente malestar social. Familias enteras deben reorganizar su vida cotidiana para conseguir agua, mientras que comercios, instituciones y establecimientos educativos también sufren las consecuencias de una situación que parece no encontrar una pronta respuesta.

Sin embargo, en medio de la preocupación generalizada surge una realidad tan antigua como repudiable: la especulación económica ante la necesidad ajena. Como reza el conocido dicho popular, «a río revuelto, ganancias de pescadores». (Aunque no todos se comportaron asi)

Durante los primeros días de la emergencia, el servicio de camiones aguateros mantenía valores relativamente accesibles. El llenado de tanques de hasta mil litros oscilaba entre los 10.000 y 12.000 pesos. Pero con el correr de las jornadas y ante la desesperación de muchos vecinos, comenzaron a detectarse casos donde el mismo volumen de agua era comercializado a 50.000 pesos.

La diferencia resulta tan significativa como difícil de justificar para quienes hoy deben elegir entre afrontar gastos esenciales o garantizar el acceso al agua para sus familias.

La situación también obligó a la Municipalidad de Las Heras a tomar medidas preventivas. Entre ellas, la asignación de personal de Guardia Urbana para custodiar un tanque de grandes dimensiones ubicado en el camping municipal, destinado a abastecer a sectores vulnerables, personas con discapacidad y organismos públicos que requieren del recurso para su funcionamiento diario.

La decisión surgió luego de que se detectaran maniobras irregulares vinculadas a la extracción de agua de esa reserva por parte de algunos aguateros particulares, quienes posteriormente utilizarían el recurso para su comercialización.

Estos hechos provocaron una fuerte reacción en redes sociales, donde numerosos vecinos expresaron su indignación ante prácticas que consideran abusivas en medio de una emergencia que afecta a toda la comunidad.

Lo ocurrido en Las Heras, lamentablemente, no debería sorprender. La historia reciente ofrece antecedentes similares. Durante la pandemia de COVID-19, cuando el miedo y la incertidumbre dominaban la vida cotidiana, muchos supermercados, comercios y vendedores particulares aprovecharon la alta demanda para incrementar considerablemente los precios de productos esenciales como alcohol en gel, barbijos, papel higiénico y servilletas.

Elementos que inicialmente tenían precios razonables llegaron, en algunos casos, a duplicar o incluso triplicar su valor debido a la necesidad urgente de la población.

Aquellas conductas fueron ampliamente cuestionadas por la sociedad y generaron innumerables críticas en las redes sociales. Hoy, frente a la falta de agua, la escena parece repetirse con otros protagonistas, pero con la misma lógica: obtener beneficios extraordinarios a partir de una necesidad colectiva.

Mientras la comunidad espera soluciones concretas para restablecer el suministro de agua, también emerge otro debate de fondo: hasta dónde puede llegar la solidaridad en tiempos de crisis y dónde comienza el oportunismo que tanto daño genera en los momentos más difíciles para una sociedad. (Imagen IA)

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